El Fin de la violencia contra las mujeres

Verónica Vázquez Piña

Si estamos interesados en detener la espiral de violencia para obtener resultados menos brutales, hay que preguntarse qué debe hacerse políticamente con el duelo además de clamar por la guerra.

Judith Butler

La primera que vez que fui a bailar tenía 14 años, fuimos con los primos de mi mejor amiga, llevaba minifalda, medias, tacones, estaba maquillada. Lo primero que hicimos fue ir a la barra, pidieron unos muppets, nos los tomamos ahí y los tragos del lugar, sabía a jugo de manzana, después de eso perdí la conciencia, ni conocí el lugar, sólo pedía que me quitarán los tacones a eso atribuía que todo me diera vuelta. Recuerdo estar sostenida, abrazada por el primo y besándonos. Hoy entiendo que no hubo consentimiento, nunca lo viví como abuso y aprendí la lección de esa noche. A partir de la prepa, cuando una amiga se le subía primero el alcohol, alguna dejaba de beber para que hubiera una mujer a cargo de las amigas, el #Mecuidanmisamigas era ley entre nosotras.

Al acabar la prepa, en una de las comidas legendarias de Luis, me pelee con mi mejor amiga, estaba devastada y alcoholizada, nos quedamos a dormir en casa del novio de mi examiga, nos conocíamos hace tres años, éramos la banda. Esa noche fui abusada sexualmente por Miguel, nunca se lo dije a nadie, siempre me sentí culpable, luego me enteré que se lo había dicho a su mejor amigo y este a su novia. Años después cuando mi examiga me pregunta, lo negué. Tenía claro que se había aprovechado de mí, que de mi parte no había habido consentimiento. Tampoco le conté a nadie en esa ocasión que estábamos todas las amigas.

No creo que ninguna mujer busque ser violentada por decisión propia, por mi parte había la confianza de creer que nunca me haría daño un amigo, sin embargo, para él me imagino que fui un cuerpo más para poseer. Años después me enteré que Miguel abuso de otra amiga, entendí porque el silencio no debe prevalecer, porque el ESCRACHE, la DENUNCIA de los abusadores es tan importante, se vuelve un asunto de protección entre las mujeres.

II

Noviembre se ha vuelto un mes de desesperación y desesperanza, mientras los organismos internacionales y gubernamentales postulan el día 25 como el día de la erradicación de la violencia contra las mujeres, lo único que queda claro, es que estamos muy lejos de ese fin.

El fin de la violencia se puede entender como la etapa culminante y el punto al que queremos llegar ¿Cómo podemos detener la violencia? ¿Qué tenemos que hacer? Estamos viviendo en un país donde los homicidios diarios son alrededor de 100 personas, y los feminicidios de 11. Las noticias son contenido no apto para las niñas y niños pues nos levantamos escuchando que pueden encontrar niños descuartizados en maletas o niñas con calcetitas rojas asesinadas sin que nadie las busque. Para terminar la violencia tendríamos que empezar por tener instituciones eficientes y eficaces, donde la tasa de impunidad fuera mínima y las violaciones a la ley estuvieran penadas. El estado fallido y corrupto que se manifiesta en todo su esplendor nos deja claro que si nos matan es nuestra culpa, sea un periodista salmatino que se le ocurrió llegar muy temprano a una zona muy peligrosa o una adolescente leonesa que iba a inscribirse a la prepa y el compañero no pudo soportar su rechazo. No vemos autoridades responsables que entiendan que les compete brindar seguridad a la ciudadanía.

En este panorama, entendemos que el fin de la violencia puede también significar el objetivo que persigue, la violencia provoca inseguridad y sentimientos de vulnerabilidad, expresa poderío y tiene un mensaje muy claro para demostrarlo. La violencia machista expresa la supremacía de los hombres sobre las mujeres, los espacios que les corresponde, y recuerda que las mujeres para ellos, son objetos sexuales para consumir, dañar y desechar. Esa violencia machista, disciplina a las mujeres para vestirse de manera que no levante los impulsos salvajes de los hombres que no pueden contenerse. Disciplina para recordarles a las mujeres que su libertad de tránsito es efímera pues no importa la hora para que sufran acoso ni si van con sus hijos o acompañadas. La violencia simbólica nos marca desde pequeñas con el miedo a ser ultrajadas, con el miedo a tomar el espacio público a nuestro antojo y la palabra para denunciar lo que por derecho debería ser nuestro, desde nuestros cuerpos hasta nuestros deseos.

Así se manifiesta la dominación masculina desde nuestra primera infancia, llena de contenidos que, por una parte, incitan a los niños a la violencia y sumergen a las niñas en la pasividad y en el servicio a los demás. Pero las jóvenes feministas, han levantado sus voces y han puesto el cuerpo, han tomado Comisiones de Derechos Humanos, han intervenido monumentos para denunciar estas violencias que nos acompañan desde hace siglos y que nosotras no queremos ni las buscamos.

Poco a poco las mujeres hemos logrado tomar nuestro lugar en los puestos de poder, hacer leyes que velen por nuestras vidas y mejoren nuestras condiciones y oportunidades. Las mujeres han luchado por erradicar la violencia, pero no se puede si los hombres, las instituciones y el estado no entienden cómo reproducen y alimentan el sistema de violencias machistas.

Para que la violencia se termine, entonces, tendríamos que cambiar todo lo que hasta el momento sigue fomentando que los hombres sean los tomadores de decisiones, que la masculinidad este centrada en la posesión de las mujeres, del dinero y del tiempo libre.

Judith Butler, conceptualiza la Ética de la No Violencia, centrada en la interdependencia que nos condiciona para vivir. Desde esquemas normativos de inteligibilidad se establece lo que es una vida vivible y una muerte lamentable, hay vidas que importan más que otras, si eres madre, si eres heterosexual, si eres blanca, pero en esta categorización tendríamos que buscar la erradicación de la violencia por medio de nuevos esquemas de inteligibilidad que nos permitan vernos cómo iguales en tanto que todas las vidas importan.

III

Si realmente queremos erradicar la violencia, vamos tarde. Kant en La Paz Perpetua (1795) termina con este llamado:

Si es un deber, y al mismo tiempo una esperanza, el que contribuyamos todos a realizar un estado de derecho público universal, aunque sólo sea en aproximación progresiva, la idea de la “paz perpetua”, que se deduce de los hasta hoy falsamente llamados tratados de paz-en realidad, armisticios-, no es una fantasía vana, sino un problema que hay que ir resolviendo poco a poco acercándonos con la mayor rapidez al fin apetecido, ya que el movimiento del progreso ha de ser, en lo futuro, más rápido y eficaz que en el pasado.

La paz no podrá ser materia hasta que las mujeres no puedan vivir plenamente en Igualdad, Justicia y Libertad para eso se necesita del Estado, los grupos de la sociedad civil, madres y padres de familia, niñas, niños y adolescentes apostando a vivir de otra manera.

¡Vivas nos queremos!

Por: Verónica Vázquez Piña

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