Lo íntimo

Arturo Mora Alva

“Las cualidades esenciales del carácter, lo original y enérgico de cada hombre, se deja ver desde la infancia en un acto, en una idea, en una mirada».

José Martí

“Voy a decirte algo; los pensamientos nunca son honestos. Las emociones, sí”.

Albert Camus

«Lo que una vez disfrutamos, nunca lo perdemos. Todo lo que amamos profundamente se convierte en parte de nosotros mismos».

Helen Keller

El encierro total, a medias y cada vez más selectivo que la pandemia ha generado en muchas personas nos lleva a pensar sin duda alguna en uno mismo. Los días que han pasado están inscritas en el contexto de la amenaza de exponernos al contagio y a la incertidumbre de lo que vendrá, y ahora entre la estrategia de salud pública de la vacunación por rangos de edades y los contagios que se incrementan, el temor vuelve a aparecer, además de la aparición la las nuevas variedades del coronavirus SARS-Cov2 de las cuales poco se sabe y que muestran la variabilidad que este tipo de virus puede tener.

Sin duda el tiempo es inexorable y las nociones que vamos teniendo de él son subjetivas y están asociadas a la manera en que hemos construido la noción del tiempo como una esfera cronológica y que tienen una única dirección. El tiempo es una de las dimensiones de la física y en especial de la física moderna que ha mostrado interés en querer explicar. Stephen Hawking lo abordó en “Breve Historia del Tiempo: del Big Bang a los agujeros negros”; y que desde la filosofía se ha intentado dar una interpretación desde Aristóteles de lo que el tiempo es en su transcurrir y de lo que implica y no tenemos aún una explicación única y definitiva, ya que el tiempo dimensión esta fuera del alcance humano.

El estar con uno mismo temporalmente hablando, -el encierro y estar solos-, nos lleva a la posibilidad y la condición humana de pensar, de sentir y de poner a jugar nuestras ideas. La reflexión, la memoria hecha historia personal, con los recuerdos que son caprichosos siempre y que no siguen ninguna linealidad de tiempo, pueden dar la oportunidad para la autocrítica, para evocar el pasado, para hurgar en aquello que sucedió en el pasado, al menos en el tiempo como representación personal, -un antes y un después aristotélico-, en el que los sucesos nos han ido moldeando como sujetos.

Ahí tenemos la ocasión de ir teniendo el espacio para construir una de las esferas que nos hacen humanos, lo íntimo, es el lugar al que pertenecen los sentimientos, los afectos, los pensamientos, los secretos que vamos teniendo, aún los recuerdos que no expresamos y que están en el inconsciente y en la conciencia, -que muchas veces  guardamos profundamente- y que  expresan de una u otra manera, y que constituyen los rasgos de personalidad y condicionan nuestra conducta las más de las veces y con ello nuestras pasiones, fobias, intereses, miedos, síntomas y de algunas de nuestras enfermedades físicas y de nuestra salud mental.

“La introspección es la observación de sí por uno mismo, pero volcada hacia el interior, como una autocontemplación del espíritu. […] Pero no es nunca más que un reflejo, una imagen sin consistencia ni verdadera profundidad. La memoria, el diálogo y la acción nos enseñan más” afirma Comte-Sponville*. En lo íntimo también esta lo esencial de quienes somos y vamos siendo. En ese espacio, las palabras con las que nombramos nuestra historia son la posibilidad de encontrar eso que nos falta, eso que nos mueve como seres humanos y nos permite estar con otros.

Lo íntimo es lugar para la conversar consigo mismo. Lo íntimo es posibilidad para la confianza y para la amistad con los otros, porque si algo tiene el ser humano es que no puede ser sin los demás. La subjetivad que nos caracteriza para narrar quienes somos y quienes creemos ser, esta mediada también por la subjetividad del otro, de los otros, y la intersubjetividad entra en escena y es “el conjunto de relaciones entre sujetos, sus intercambios, sus sentimientos mutuos, sus diversiones y sus debates, conflictos, sus relaciones de fuerza o de seducción. De otra forma no existiría el sujeto. […] Únicamente se existe con los otros, pero nadie podría existir en lugar de nosotros.” siguiendo a André Comte-Sponville, lo que a su vez no suprime la noción de “soledad”, que es tener de alguna manera, espacio y tiempo íntimo, -propio, privado, personal-, que nos lleva a su vez, a la construcción de la intimidad como vínculo, desde la amistad y la confianza con el otro, con los otros, sí, con las personas que vamos conociendo y a las que vamos amando y vamos apreciando en la amistad, en la convivencia, la solidaridad y en la intimidad.

Lo íntimo es también la relación que pueden tener algunos sucesos. Las relaciones que podemos establecer entre acontecimientos, entre las palabras, su significado y representación pueden tener puntos de contacto de manera intima y crean vínculos entre sucesos y nuestra conciencia y por tanto en nuestra intimidad. Lo íntimo tiene que ver también con los espacios propios, los lugares en donde queremos estar, espacios físicos que nos das confort, que nos hacen sentir bien y seguros. Lo íntimo también tiene su dimensión erótica, de ahí que a la ropa interior le llamemos “ropa íntima”, a la vez de hablar de tener intimidad para referirse a las relaciones sexuales.

La pandemia y lo que vendrá nos abre la puerta para pensar y pensarnos. Explorar desde lo más íntimo qué nos va dejando esta enfermedad. Preguntarnos qué ha significado la posibilidad del contagio y qué esta significando los saldos de muerte, tristeza, miedo e incertidumbre que la estela del Covid-19 esta dejando a su paso. Lo íntimo nos esta llamando a preguntarnos sobre la existencia y por lo tanto sobre el tiempo, el que hemos tenido y el que aún tenemos. La reflexión, la introspección nos pueden llevar a dar sentido a quien somos en lo real y tomar valor a la historia personal y a nuestra trayectoria con relación a los otros, a preguntarnos sobre nosotros mismos, a intentar revisar nuestros actos y nuestras convicciones, a revisar nuestra conducta cotidiana y a preguntarnos sobre cómo expresamos y manejamos nuestros afectos, emociones, sentimientos y pensamientos.

En lo íntimo, podremos revisar por qué reaccionamos de tal o cual forma, a intentar recuperar la memoria como sujetos individuales y colectivos, a dar valor al diálogo con otros, en todos los temas, -sociales, políticos, económicos, ambientales, culturales, educativos-, y a buscar formas de actuar en la realidad para transformarla y transformarnos. E Idealmente en lo más íntimo, buscar que mente, corazón y manos estén vinculados y sean íntimamente coherentes con lo que deseamos y amamos profundamente. Ahí radica la complejidad humana, esa misma, que nos puede permitir sortear de mejor manera la incertidumbre en estos tiempos que nos ha tocado vivir.

Por: Arturo Mora Alva

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