Contar el feminicidio de una hermana: LA HISTORIA DE LILIANA Y CRISTINA RIVERA GARZA

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Por: Siboney Flores

¿Te imaginas que tu hermana sea asesinada por su exnovio y todos digan que fue un “crimen pasional” y excusaran al agresor?

La escritora mexicana Cristina Rivera Garza lo vivió. Cristina se negó a seguir con la narrativa del patriarcado, esa en que su hermana Liliana tuvo la culpa de ser asesinada por haber terminado a su entonces novio en 1990. Ya saben, donde la víctima es la culpable y se exonera al homicida, todo en nombre del “amor”.

Tuvieron que pasar 31 años para que Cristina pudiera publicar El invencible verano de Lilianaun libro que cuenta la historia de su hermana y que muestra las múltiples facetas de una joven de 20 años de edad, su intimidad y las visiones de quienes eran sus amigos, para recordarla.

“Este libro es mío, pero es más de Liliana”, dice la autora durante la presentación de este libro en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara y cuyo testimonio puedes ver aquí.

La historia fue posible gracias a una compilación de entrevistas, expedientes judiciales y textos que Cristina llama “autodocumentación”, pues Liliana guardaba las cartas que recibía, hacía una copia de las cartas que entregaba y conservaba recados.

Por ejemplo, el libro describe que cuando Norma Xavier -una de sus amigas- se dio cuenta que su novio le era infiel, se puso a llorar en el salón de clases. Liliana se acercó, la abrazó, le recordó que no valía la pena y le entregó un papelito que decía:

“En lo más crudo del invierno aprendí que existe en mí un invencible verano. Esto es tu invierno. Y pasará. No llores por nadie”.

Liliana transcribió esta misma frase y la dejó pegada a su restirador. “Los últimos días de Liliana, los pasó preparando un trabajo que tenía que entregar para la universidad, entonces, seguramente, esa frase estuvo en su campo visual”, cuenta Cristina Rivera Garza.

“Esa es la frase que seguramente Liliana se decía cuando se estaba preparando ya para dejar definitivamente a una persona que nunca la dejó en paz desde que la conocía, cuando ella tenía 14, 15 años; una persona que nunca aceptó un no y que pensó que Liliana le pertenecía, y por más que Liliana intentó escapar, no pudo, y lamentablemente tampoco pudimos ayudarla”, dice Cristina.

Cuando la familia Rivera Garza recogió las cosas de Liliana vieron esa frase en su restirador, la tomaron y ahora está enmarcada en la recámara de sus padres.

LAS INTIMIDADES DEL LIBRO 

Los amigos de Liliana la recuerdan como una mujer que pasó de vestir de colores pasteles al negro, siempre con su chamarra de piel. De cómo le gustaba hablar y la compañía. De su protección a los que quería y su sinceridad con los que no quería.

De cómo era asistente de un profesor en la licenciatura de Arquitectura en la Universidad Autónoma de México (UAM). De cómo motivaba a sus amigas a también ser asistentes de investigación. De cómo cargaba una cámara siempre, de que fumaba cigarrillos y le encantaba el cine, la política y la música.

La autora comenta que con los relatos de los amigos, se dio cuenta que Liliana era sarcástica con todo mundo, y no solo con ella, pues creía que la forma sarcástica en la que se relacionaban era algo familiar y plenamente intimo.

Cristina Rivera Garza agrega que Liliana le daba una importancia mayúscula a su letra. Incluso durante la licenciatura se esmero en estilizar su letra.

Tan importante es el detalle, que en los apartados del libro donde se transcriben algunas cartas de Liliana, decidieron colocar la tipografía más similar a la letra de la propia Liliana y en color morado, su preferido.

ESTE LIBRO NO HUBIERA SIDO POSIBLE SIN LA LUCHA FEMINISTA 

Cristina recuerda que en varias ocasiones intentó hacer el libro, pero no pudo. Fue hasta que accedió a las cartas de Liliana que logró compaginar todo lo que había recabado.

“El libro ha tomado ciertamente el tiempo que necesitaba, por una parte era el proceso siempre difícil, muchas veces tortuoso, del duelo, especialmente del duelo, de cuando los duelos están relacionados a la pérdida violenta de mujeres que amamos en nuestras familias. Por desgracia no soy la única, bien sabemos las cifras, nos las recuerdan muy seguido los medios: entre diez y once familias cada mañana se despiertan destrozadas porque han perdido a una mujer víctima de feminicidio en México”, relata Rivera Garza.

La autora reconoce que si el feminismo y las nuevas narrativas no hubieran avanzado en la sociedad, jamás hubiera podido escribir este libro en el que da cuenta de cómo en esa época era más difícil identificar señales de violencia y ayudar a las víctimas de violencia de género.

Para Garza, el libro también es una muestra y recordatorio de la impunidad, pues Ángel González Ramos sigue en libertad, pese a que en su momento un juez determinó que había suficientes pruebas para solicitar una orden de aprehensión.

“Yo quiero pronunciarlo una y otra vez, para que no se nos olvide que hay ahí en la calle, existe entre los muchos feminicidas sueltos”, sentencia Cristina.

Por: Siboney Flores

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