Querida hija, tú no necesitas ser una «niña buena»

RedKarani

LA MENTE ES MARAVILLOSA

Valeria Sabater

Querida hija, tú no necesitas ser una niña buena, una niña dócil, obediente y dulce. Sé lo que tú desees, aprende a tener voz, a no callarte, a reírte a carcajadas, a correr, a señalar cada constelación con el dedo y a imaginar que las alcanzas todas… Querida niña, que nadie te diga que te pones fea cuando te enfadas, que nadie ose a colocar alambradas a tus sueños o moldes a tu identidad.

Algo que en esencia parece tan lógico y necesario, sigue chirriando en muchos de nuestros contextos, como la bisagra de esa puerta que algunos siguen descuidando, queriendo o sin querer. Basta un sencillo ejemplo acontecido hace solo dos días.

Un cine de Lovaina organizó una sesión de tarde solo para mujeres aprovechando el estreno de “Wonder Woman”. A ella, acudieron infinidad de niñas, llevadas todas ellas por el fenómeno social que este personaje está creando entre las más pequeñas.

La cadena de ese cine decidió regalar entonces una bolsa con la inscripción “Cool things inside” . Era un buen reclamo y la sala, como era de esperar, se llenó. Ahora bien, lo que esa misteriosa bolsa de cosas -supuestamente chulas– traía dentro fue algo difícil de olvidar. Cuando las niñas abrieron el paquete se encontraron con estropajos, limpia-cristales, píldoras para adelgazar y un cepillo de limpieza. La noticia, a día de hoy, sigue ocasionando estupefacción así como infinidad de comentarios y sagaces críticas de prácticamente todos los sectores de la población.

Son realidades que todos sabemos identificar. Son resquicios pretéritos, huesos de dinosaurio que afloran de vez en cuando en nuestra sociedad y ante los cuales, la mayoría reaccionamos. Ahora bien, cabe decir que existe otro tipo de realidad soterrada, discreta e inapreciable que no vemos con tanta facilidad porque nutre nuestro lenguaje, porque baila una danza invisible en el modo en que nos dirigimos a las niñas y a los niños, moldeándolos a la fuerza y casi sin darnos cuenta…

La niña buena, la niña silenciosa

La niña buena se queda en una esquina sin moverse, atiende todo lo que la envuelve pero en discreto silencio. Mientras, en su imaginación, la niña dócil escapa a su mundo privado, vasto y salvaje donde vive mil aventuras, a escondidas, con la cerradura del mutismo. Los demás, esos adultos que pasan ante ella alaban su bonito peinado, su vestido y su mirada atenta.“Qué bien se porta”-les dicen a sus padres pero sin dirigirse nunca a la niña, sin preguntarle qué le apasiona, qué odia de su vida, qué lee, qué sueña…

No nos damos cuenta, pero casi desde el momento en que llegamos al mundo somos evaluados y etiquetados. Ese universo gratuito de adjetivos, sustantivos de juicios y desatinadas hipérboles se van integrando en nuestro cerebro ya desde los 9 meses de vida.

Puede que nos parezca muy temprano, pero según nos explica la “teoría de la mente”, es el momento en que el niño, empieza a integrar las conductas sociales, en que imita y empieza también a interpretar poco a poco, el comportamiento del adulto.

Si ya desde bien temprano reforzamos la pasividad, la obediencia, el silencio y el valor de la apariencia física en la niña, estaremos vetando o “trasformando” a nuestro antojo muchas de capacidades naturales. Así, algo que demandan ya muchos psicólogos, pedagogos y educadores tan polifacéticos como Alfonso Montuori, es que pongamos en práctica un tipo de educación libre de juicios y de etiquetas de género donde potenciar la humanidad y la nobleza innata del niño, así como el valor de la curiosidad por el aprendizaje y el auto-conocimiento.

Querido hijo, tú no necesitas ser “fuerte”

Hemos hablado de la “niña buena”, de esa pequeña que observa el mundo desde su silencio. Ahora, es momento de recordar a muchos niños convertidos ya en adultos que fueron educados en su momento bajo ese instrumento ortopédico llamado contención emocional y auto-control, ahí donde las emociones y la sensibilidad, debían quedar corregidas como esos dientes torcidos que es conveniente enderezar lo antes posible.

Las lágrimas, por su parte, son cosas de niñas y por tanto, es mejor tragárselas lo antes posible si uno nace niño, porque lo que toca es ser fuerte, un Superman sin capa que puede con todo y que no falla en nada.

“El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños”

-Eleanor Roosevelt-

También aquí, en el mundo de los chicos, hay profundas mellas que debemos saber intuir y gestionar. De hecho, y para justificar esta misma línea en la que propiciar siempre una crianza y educación más igualitaria, salió publicado un estudio hace muy poco donde se demostraba algo que todos, padres y educadores, deberíamos tener en cuenta: el cerebro del niño varón es mucho más sensible, tiene una resistencia menor al estrés que las niñas y por tanto, necesita una crianza donde el refuerzo emocional, la seguridad y la protección estén muy presentes a lo largo de la infancia.

Todo ello nos debe invitar a reflexionar un poco más sobre esos gestos a veces implícitos que dejamos “caer” en nuestro trato cotidiano con los más pequeños, donde el “tienes que ser buena y perfecta” o el “los niños no lloran” puede determinar comportamiento futuros en los que quedar atrapados en el agujero negro de la frustración e infelicidad.

Por otro lado, y como curiosidad, cabe decir que a día de hoy están apareciendo muchos profesionales del crecimiento personal que entrenan a las mujeres para que puedan, si así lo desean, convertirse en líderes en diferentes áreas del mundo social, político y económico.

Algo que han apreciado todos ellos, como es el caso de la conocida coach Bonnie Marcus, es que las mujeres que desean aspirar a un alto cargo en la política o en la empresa se perciben al inicio a sí mismas como personas “egoístas. Romper este esquema de pensamiento para demostrarles que luchar por lo que una quiere no es egoísmo sino un derecho es sin duda lo más difícil. Porque ser “buena” no es ser dócil ni conformista, ser “buena” en realidad, es ser valiente por conseguir lo que uno desea, lo que uno quiere, seamos hombres o seamos mujeres.

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