Muévete en paz: si le piensas no comienzas (parte 1)

RedKarani

Cuando me invitaron a colaborar con Red Kárani, me brincó mi corazón hasta el techo de mi casa, rebotó rápidamente y en silencio agradecí que ese órgano, aún tenga fuerzas para emocionarse.

Es para mí, un privilegio participar con mi granito de arena, para que mujeres y hombres, sientan empatía por los proyectos como éste, que busca crear espacios democráticos e incluyentes, para derribar barreras, derribar mitos y fortalecer lazos humanos.

En esta ocasión, me dirigiré a todos ustedes, estimados lectores para abordar temas referentes a nuevos estilos de vida, autoconfianza, equilibrio emocional para alcanzar objetivos personales y un poquito de mi experiencia como persona que gracias al ejercicio, ha podido perder peso y ganar mucho en autoestima.

Muévete en paz, es una zona de expresión y de ayuda, es como un botiquín de primeros auxilios, para cuando lo necesites. Muévete en paz, es estar bien con todos, es hacer bien por todos.

Hoy les platicaré un poquito de mis últimos cuatro años de vida.

En 2015, con 45 kilos arriba de lo que hoy peso, con presión arterial altísima y con la dificultad de comprender que todo iba mal, en cuestiones de salud, a pesar de que la gente y yo mismo, pensaba que todo iba bien.

Vivir todo el tiempo con sobrepeso, es igual a vivir sin tenerlo. Te vas acostumbrando, y llega el momento en que este padecimiento que se normaliza. Haces lo mismo de siempre, tienes pareja, tienes trabajo, te preparas, atiendes citas, resuelves problemas, muchas de las veces, resuelves problemas con los demás, pero no te concentras en ti mismo. Mientras tanto, de manera silenciosa vas matándote por dentro.

¿Qué tuvo que pasar en mi vida, para hacerme responsable de mi salud?

Sentirme mareado en reposo, en actividades sin esfuerzo físico, como estar de pie dando clases. El diagnóstico primario fue hipertensión arterial y me llenaron los bolsillos de pastillas para controlarla. Éstas me mareaban más. Sabía lo que debía hacer.

Ese año, dije algo que hasta la fecha he cumplido: “no vuelvo a tomar pastillas para la presión”. Comencé a irme al Parque Metropolitano, con mis dimensiones y con ropa, para nada deportiva a caminar, a dar la vuelta, a ver patos y asombrarme con la cantidad de gente que iba a hacer ejercicio.

Si le pienso no comienzo

No sabía que practicar un deporte, tan noble como el atletismo, tendría muchos gastos, tecnología en las prendas deportivas, en los tenis, en las entradas al “metro”, en los costos de las carreras. Si lo hubiera sabido, quizás no hubiera empezado.

Comencé, y de corazón lo digo, con un montón de ignorancia y desconocimiento. Simplemente iba a caminar y apenas fueron esos los primeros pasos. Esa decisión me cambió la vida. Por terco y por cómodo, seguí yendo a caminar hasta controlar mi presión arterial.

Daba la vuelta, 7 kilómetros. 3 o 4 veces a la semana. Pensaba, observaba las dinámicas de la gente que sí hacía deporte con mucha dedicación y poco a poco me fui metiendo más a ese mundo.

La historia, no la terminaré hoy. Simplemente quiero darles un poquito del inicio. Pues cuando comencé a conocer un poco más. Yo era objeto de miradas, de señalamientos y de comentarios, que si hubieran sido en otros tiempos, quizás me habrían llevado a una deserción, como toda la lista de proyectos empezados que tengo en el baúl. Pero, me agarraron en el momento de mayor concentración y por terco, de verdad, por terco. Fue que me quedé en el mundo del atletismo.

Yo pensaba que este maravilloso deporte, sería del todo incluyente, pero resultó que también existen personas que hacen uso de la tecnología del “running”, una herramienta para la marginación, para quitar méritos y hasta para exiliar a personas que como yo, necesitaban de autoayuda para salvar su vida.

Ya les terminaré de contar.

Por: Luis Lozano

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