Muévete en paz: si le piensas no comienzas (parte 2)

Luis lozano

Ya ingresado al mundo del atletismo, con empoderamiento adecuado, voluntad inquebrantable y con ánimos bárbaros, supuse muy rápido que todo era miel sobre hojuelas. También en ambientes sanos, existen incongruencias disfrazadas de molestia.

No podía haber mejor escenario para mi nueva vida, una persona como yo, con obesidad importante, había decidido cambiar sus hábitos para mejorar su salud y aminorar los miedos a un posible infarto fulminante, por la edad en la que me encontraba, 36-37 años, son suficientes para colgar los tenis (vaya analogía), en cualquier momento, en una carrera o en cualquier esfuerzo.

Sin embargo, no fue por ahí que las molestias comenzaron, será posible que, en un ambiente deportivo, ¿te puedas encontrar pinceladas de violencia, marginación y hasta arrogancia? –Yo no lo sabía, ni lo pensaba. Simplemente lo viví.

No tenía, ni tengo aún en mente, que algún día de mi futuro en el atletismo pueda subirme a algún podio, ni ganar algún premio especial por vencer a todos en alguna justa, y en aquél lejano 2016, menos lo consideraba, mi objetivo principal, como lo he dicho, estaba enfocado a bajar mi presión arterial y perder peso. Nada más. La salud fue y sigue siendo mi salud.

En este deporte, las patadas te llegan por los tenis y no duelen tanto, pero son muchos.

Luego de mis participaciones en carreras locales, de 5 kilómetros, a mi ritmo, feliz de la vida por los alcances que iba tomando, fui conociendo gente que, disfrazada de cordero y de buen corredor, me iba dando consejos sobre cómo practicar de manera más llevadera este lindo deporte. El disfraz, no fue hecho a la medida, siempre se notaban intenciones con “jiribilla”.

– ¿De cuáles tenis usas? ¿Cuánto tiempo hiciste? ¿Tus playeras son dryfit? ¿Cuándo correrás un maratón? – De verdad que no tenía idea de lo que decían, era muy novato, al grado de intentar dar respuesta a esas preguntas, casi casi con una cantada mentira.

Yo quería decir que hice muy poco tiempo, pero seguramente, cuestionarían mi desempeño principiante y mi imagen “cero” atlética.

Yo quería decir el tiempo verdadero, pero temía que me dijeran: “qué lento”, dedícate a otra cosa. Total que repasaba mis respuestas tanto, que prefería desviar la conversación a otro tema.

Yo quería escuchar palabras de ánimo, de apoyo, de reconocimiento por el esfuerzo, tips verdaderos de cómo llegar completo, no tan cansado y feliz, o las experiencias de todos esos nuevos contactos en sus primeras carreras, pero no. El primer bombardeo se lo llevaron una serie de arrogantes frases con tecnicismos que me iban abriendo y abriendo. Hasta hacer que prefiriera correr “solo”.

No daba crédito a esos primeros pasos en la comunidad runner, yo me habría desvivido por dar nuevos motivos para que nadie desistiera, cada domingo se renovara y siguiera descubriendo nuevos placeres, nuevas primeras veces.

Sin duda alguna, fue un inicio de mucho aprendizaje, pues mi carácter y terquedad, no cedió ante esas presiones, simplemente, me dejé llevar por mis objetivos principales: mi salud y yo.

Poco a poco, fui desechando pares de tenis y ropa inadecuada para correr, así como de “amigos runners” que no aportaban más a mi proceso. Me fui haciendo de nuevas prendas, tenis y de un sentido de pertenencia a un equipo que me respaldó cuando más lo necesitaba.

Conforme pasaba el tiempo, iba identificando personalidades del atletismo, personas comunes como yo, pero que cada semana, volaban en el asfalto y que con “buena onda”, se acercaban y reconocían mi terquedad por participar en carreras cada domingo. Me iba perfilando a pertenecer a un equipo de corredores y me daría cuenta que éstos, no sólo corren, también te animan, te acompañan y te dan motivos para seguir creciendo.

Esta segunda parte, la dejaré hasta ahí, prometo platicar de qué sentí siendo parte de un equipo al inicio, de lo que me motivó a seguirme moviendo en paz, y hasta cómo fue que los progresos físicos y el equilibrio emocional que me ha brindado este deporte, me hizo soñar en ir a correr fuera del país.

Y tu terquedad, ¿qué te ha hecho cumplir?

Nos leemos pronto.

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Por: Luis Lozano

 

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