Soy Feminista

Maribel Arellanes

Mi nombre es Maribel Arellanes Almazán. Estudié la carrera de Psicología Clínica, profesión que amo y de la que nunca me he arrepentido por haberla elegido, así que día a día disfruto mucho ejercerla, encontrando siempre retos que me entusiasma mucho atender. También he estudiado algunos postgrados que me han permitido ampliar los horizontes y mantenerme actualizada, como una maestría en Psicoterapia Gestalt, una Maestría en Psicoterapia Familiar, y diplomados, seminarios, cursos, también me he formado como Psicóloga Forense, lo que me permite realizar Peritajes en Psicología. Paralelo a este ejercicio de mi profesión y desde hace… muchos años he trabajado en lo que he llamado (y le han llamado) “la lucha por los Derechos Humanos de las Mujeres”. Cuando era adolescente, tendría unos 14 años, escuchaba las conversaciones que mi madre, quien era directora de una escuela normal rural para mujeres, lugar en el que se formaba a las maestras que pronto estarían al frente de grupos de primaria en las zonas rurales, mantenía con el personal docente, esto era porque hacían reuniones en la casa, reuniones en las que se definían los planes y programas escolares. Ahí conocí a las maestras y maestros que formaban a las alumnas. Y empecé a admirar la forma en cómo intervenían las maestras. Sus aportaciones y experiencias me parecían brillantes. No quiero decir que las aportaciones de los maestros varones no lo fueran, simplemente escuchaba cómo mi madre, siendo directora tenía un gran equipo de mujeres que organizaban un trabajo fundamental. Sin embargo, alguna vez llegué a estar presente mientras una de las maestras le pedía a mi mamá una orientación, pues estaba teniendo problemas con su esposo, un maestro a quien, por cierto, yo también admiraba. Y, además, le mostraba a mi madre los moretones que tenía y que, decía, no se había hecho por pegarse en la puerta del mueble de la cocina. A mí me sorprendía mucho que una mujer brillante viviera una experiencia así. No comprendía cómo permanecía en esa relación. Coincidentemente (¿o no será coincidencia?) la subdirectora de mi madre me regaló un pequeño libro, que marcó mi vida. El título no lo recuerdo, pero el subtítulo era: ¿Es la condición biológica suficiente explicación para la situación de las mujeres?  ¡A mis 14 años ese libro me planteó muchas más preguntas que respuestas! Y así empezó una parte de mi vida, de preguntas que se convirtieron en búsqueda, en acciones, en lucha. Estaba yo en la Universidad cuando la directora de la carrera de Psicología nos llevó a un evento que sonaba genial. En ese tiempo no alcancé a dimensionar de qué se trataba. Era la Primera Conferencia Mundial de la Mujer, que se realizó aquí en México. ¡Sí! La primera conferencia mundial de la mujer fue en México. También fue conocida como Conferencia Mundial del Año Internacional de la Mujer. Se llevó a cabo en junio de 1975. Yo seguía con mis preguntas y mi búsqueda, y viviendo mi vida. Así, conocí a quien sería el compañero de mis aventuras e inquietudes, cómplice de mis ideales, sueños y metas, y el primer gran aliado en este tema de “las mujeres”, mi esposo Rogelio Acosta Cárdenas. Por esta búsqueda de ideales, nos vinimos a Irapuato, Gto., lugar que me ha adoptado y a quien yo he adoptado, y juntos hemos logrado grandes metas. Estando ya en este mi ahora territorio, buscaba material sobre “las mujeres”. Y conocí la Revista FEM, indispensable en esta tarea feminista. Puntual estaba en la Librería de Cristal para comprarla. Así fue como supe que todas esas ideas que se agolpaban en mi mente estaban integradas en un gran movimiento.  Los ideales que Rogelio y yo teníamos nos hicieron buscar gente afín, conociendo a muchas personas interesantes. Recuerdo que él hizo un taller sobre Derechos Humanos y la invitada especial fue Mariclaire Acosta. Empecé a realizar talleres para mujeres con el objetivo de que supieran que la violencia hacia ellas no era natural y que también había derechos humanos de las mujeres. Así conocí a una gran mujer: Bertha Salinas, una dirigente sindical que estuvo en el movimiento de las Mujeres Costureras, surgido posterior al sismo del 85. Y juntando ideales, decidimos formar el primer Centro de Atención a las Mujeres en Irapuato, CEDAM, A.C. No parábamos. Por estos vínculos supe de dos mujeres que trabajaban también por los Derechos Humanos de las Mujeres: Ángeles López y Malú Micher.  Y se llegó el tiempo de preparar la 4ª. Conferencia Mundial de la Mujeres, que se realizaría en Beijing, China, en septiembre de 1995. Por decisión de mis compañeras del Movimiento de Mujeres de Guanajuato, fui designada representante de las Organizaciones de Mujeres del Estado de Guanajuato. ¡Y me fui a Beijing! Gran, gran experiencia.

En 1996, el entonces Procurador de Justicia del Estado de Guanajuato, me invitó a hacerme cargo de la Dirección Estatal de Atención a Víctimas de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Guanajuato. Recién había regresado de la 4ª. Conferencia Mundial de la Mujer, por lo que había mil compromisos por cumplir. Así que la Dirección de Atención a Víctimas daba una plataforma sólida para continuar con la tarea de atender los derechos humanos de las mujeres. Le propuse al Procurador una reorganización de las Agencias del Ministerio Público Especializadas en Violencia Intrafamiliar que ya existían y la creación de otras agencias en los lugares en que aún faltaban. Y en 1997, después de un año de formación, capacitación y sensibilización; y con el apoyo, primero del Procurador, y de un gran equipo, inauguramos 4 Agencias del Ministerio Público especializadas en Violencia Intrafamiliar, en León, Irapuato, Celaya y Dolores Hidalgo. La experiencia vivida dará para muchos otros escritos. El impacto de estas no sólo fue a nivel estatal, fue también un impacto nacional e internacional. Años después de que yo ya había dejado la dirección estatal, seguía recibiendo invitaciones para compartir la experiencia en otros países.

A partir de esta vivencia ha venido una larga lista de experiencias, encaminadas todas a lograr lo que a veces parece aún una meta lejana: una sociedad justa, igualitaria y equitativa. El tema de “las mujeres” atraviesa mi vida. Me han preguntado si soy feminista. Y mi respuesta es: si pugnar por los derechos de las mujeres es ser feminista, lo soy. Y lo seré. Moriré siendo feminista.

Por: Psic. Maribel Arellanes, CEMUGERH

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